Esta semana les compartimos más detalles del premio otorgado a nuestro socio Freddy Chávez, junto a Carmen Curical y Manuel Huichao. Este equipo obtuvo el premio a la Difusión de
la Música de los Pueblos Originarios en la edición 2026 de los Premios Pulsar por el disco 30 cantos araucanos recopilados por Carlos Isamitt durante la década de 1930. En las siguientes líneas compartimos la experiencia de Chávez al recibir este reconocimiento.
¿Qué impacto tiene este premio en el desarrollo de tu carrera investigativa?
Este premio me entrega un nuevo impulso a la labor de investigación que he desarrollado en el archivo de Carlos Isamitt desde el año 2013. Es gratificante que el trabajo desarrollado bajo el alero de una investigación musicológica pueda ser reconocido en los premios Pulsar, la fiesta de la industria musical chilena. Tengo la idea de que este premio reafirma el camino que he construido desde el año 2015, al sistematizar el archivo privado de Isamitt a través del registro de siete producciones inéditas de su música. Lo anterior trae consigo implícitamente el desarrollo de ediciones críticas de sus manuscritos para dar vida a estas audiciones. Del mismo modo, el trabajo que he desarrollado en los montajes y de los aspectos técnicos del registro, mezcla y masterización.
¿Cuál es el rol que ha jugado la obra de Isamitt en tu carrera investigativa?
En la investigación, ha sido todo. Si bien siempre estuve más cercano a la creación contemporánea, la producción musical, arreglos de música popular, de raíz folclórica y actuando también como músico, cuando llegué al archivo de Isamitt me impresionó toda la documentación que había acumulado en su vida, del mismo modo, el buen estado en general del archivo. Observé las obras musicales y sus escritos. Esto último fue de gran impacto. Tuve acceso, paulatino, al despliegue total de la vida de un sujeto que, a mi entender, es un verdadero destello en la institucionalidad artística chilena de la primera mitad del siglo XX. Sin embargo, nada de aquello se había profundizado en la literatura de la disciplina plástica, musical, pedagógica e investigativa de nuestro país; sin ir más lejos, hasta el 2013 solo había una obra registrada de manera profesional —Friso araucano— y la mitad de otra —Evocaciones huilliches—. Fue renovador en mi vida tener acceso a sus pensamientos más íntimos, a sus anhelos y su inquebrantable búsqueda de la justicia social a través de la pedagogía y las disciplinas desarrolladas durante toda su vida.
¿De qué manera este tipo de reconocimientos contribuye al desarrollo de la investigación en Chile?
Contribuye porque es un registro musical que deriva de una investigación más amplia. Por otra parte, nos desafía en la búsqueda de otros medios de divulgación y validación de nuestro trabajo investigativo. Si bien se ha constituido el artículo como el marcador de productividad del investigador en las universidades y ANID, no podemos desconocer el factor reduccionista-económico que las mueve. Tengo la idea de que deberíamos pugnar por abrir nuevas maneras de representar y divulgar nuestros trabajos en estas institucionalidades. Por ejemplo, considerar los conciertos mediados que derivan de las diversas investigaciones. Nuestros estudios tienen aportaciones relevantes a la hora de generar nuevas interpretaciones de las músicas que profundizamos. No solo la mención descriptiva del contexto de la obra o de alguna anécdota de la misma.
El registro de los treinta cantos araucanos que recibió un premio tuvo un camino. En primer lugar, el libro que incluye la revisión crítica de los treinta cantos del 2019, un estudio publicado en la RMCH del 2022 y la grabación de los 30 cantos realizada por Carmen Curical y Manuel Huichao (2024). El recorrido concluyó en 2025 con la grabación de las reducciones para voz y piano del Friso araucano y de Los trece cantos araucanos, grabaciones realizadas por la soprano Nataly García y la pianista Elizabeth Mendieta. Se puede notar que existen diversas plataformas de divulgación.
¿Qué proyecciones visualizas para el desarrollo de tu trabajo académico y profesional después del premio?
El trabajo que hizo Isamitt fue de varias disciplinas. Me enfoco en las interrelaciones que el autor estableció entre la pedagogía, la música, la investigación, la filosofía y la pintura. Además, existe un extenso capítulo acerca de la creación dodecafónica que cultivó desde la década de 1930. Silvia Herrera, en su extenso estudio sobre el dodecafonismo en Chile, publicado en el año 2017, lo reconoció como el primer dodecafonista chileno. Tengo la intención de explorar un poco más allá. Aunque he progresado mucho en esto, todavía necesito dedicarle más tiempo. El otro aspecto que deseo explorar es la pedagogía. En particular, las conexiones entre sus intervenciones en la reforma de la Escuela de Bellas Artes en 1927 y la Reforma del Liceo Renovado en 1945. Por otro lado, durante este tiempo, trabajo en las partituras de la Suite Sinfónica (1932) y en una revisión actualizada de la versión orquestada del Friso Araucano (1931) (ya que una nueva versión apareció hace poco).
