Esta semana nos concentramos en conocer en detalle el trabajo desarrollado por las plataformas de investigación musical de los Núcleos Milenios financiados por la ANID. Empezamos con la entrevista realizada a nuestra socia Eileen Karmy y junto a Rodrigo Cádiz sobre “ANIMUPA”
¿Cuál es la relevancia de esta plataforma para la investigación musical y su vínculo con otras áreas del conocimiento en Chile?
El Núcleo Milenio en Prácticas Actuales de la Música Clásica (ANIMUPA) responde a un vacío bastante concreto: en Chile no existía una instancia articulada y sostenida en el tiempo dedicada a estudiar la música clásica en Chile –que también puede llamarse música de arte o de tradición escrita– como patrimonio vivo y no como objetos de museo o archivos detenidos en el tiempo. Nuestra apuesta es que este repertorio es una práctica cultural viva, en circulación, que se compone, se interpreta, se programa y se escucha, gracias a la labor diaria de múltiples agentes, y que, por lo tanto, debe estudiarse con esa complejidad. Eso obliga a tener un enfoque interdisciplinario. Convergen aquí la musicología histórica, la sociología de la cultura y los estudios del trabajo, así como el análisis de las políticas culturales, de la interpretación musical, de la creación artística, del patrimonio y, de manera cada vez más central, la ingeniería, las ciencias de datos y las tecnologías. El hecho mismo de que la iniciativa se aloje como Núcleo Milenio en Ciencias Sociales la sitúa como un puente poco habitual entre humanidades y ciencias sociales. Más allá de los resultados que podamos obtener, la plataforma del núcleo genera infraestructura de investigación: archivos, corpus, metodologías reproducibles y forma a una nueva generación de investigadores e investigadoras capaces de moverse entre estos campos.
¿Qué ha significado para el equipo de investigación haber obtenido la renovación del proyecto?
Más que una renovación, pasamos de un Anillo de Investigación en Humanidades a un Núcleo Milenio en Ciencias Sociales, ampliando el equipo de trabajo y los objetivos. Esto ha significado, ante todo, un reconocimiento a una línea de trabajo que logró demostrar madurez, consistencia y proyección. La investigación patrimonial y cultural opera en tiempos largos: los frutos no son inmediatos y el mayor riesgo es tener que empezar de cero justo cuando el trabajo alcanza masa crítica. El haber obtenido inmediatamente nuestra continuidad como Núcleo Milenio, con el financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo (ANID), nos permite consolidar en lugar de refundar. Para el equipo esto se traduce en estabilidad muy concreta: retener a investigadoras e investigadores clave en el campo, sostener y ampliar la formación de estudiantes e investigadores postdoctorales, y mantener colaboraciones nacionales e internacionales que de otro modo se habrían diluido. Hay también una dimensión simbólica importante, que es la validación institucional de estudiar la música clásica en Chile con toda su complejidad como objeto de investigación de primer nivel, evaluado con estándares internacionales. En lo esencial, la renovación nos habilita para dar un salto: pasar de la etapa de establecer y delimitar el campo a la de profundizarlo y expandirlo.
¿Cuáles son los nuevos desafíos que pretenden desarrollar en esta segunda fase de la iniciativa de investigación?
El principal desafío de esta etapa es un cambio de mirada que la propia propuesta del Núcleo instala: examinar esta práctica musical críticamente como una práctica social dinámica y contemporánea.
Nuestro objetivo general es revelar la diversidad de agentes, instituciones e interacciones que la sostienen, y abordar las desigualdades estructurales que la atraviesan hoy. Ese propósito se organiza en tres líneas de investigación: Redes y Agentes en la Música Clásica Contemporánea, que mapea y analiza a músicos y músicas, instituciones, gestores, gestoras y comunidades que hacen posible la escena; Desigualdades y Diversidad en las Prácticas de Música Clásica, que investiga cómo el género, la clase, la raza, el territorio y las condiciones laborales condicionan el acceso y la participación; y El Ecosistema de la Música Clásica y la Política Cultural, que conceptualiza esta música como un ecosistema vivo y traduce los hallazgos en recomendaciones de política pública.
En términos concretos, los desafíos que nos proponemos desarrollar son cuatro. Primero, mapear y caracterizar las redes y los actores del campo más allá de los espacios liderados por las élites. Segundo, producir evidencia rigurosa, tanto cualitativa como cuantitativa, apoyada en ciencias de datos, sobre las brechas de género, clase, raza y territorio en el acceso y en las condiciones de trabajo de quienes sostienen esta música. Tercero, descentralizar la investigación hacia las regiones dentro de lo posible, superando la histórica concentración capitalina. Y cuarto, incidir de manera efectiva en la política cultural, con recomendaciones orientadas a una mayor equidad, diversidad y sostenibilidad del ecosistema. A ello se suman los tres pilares que estructuran a todo Núcleo Milenio y que asumimos como desafíos propios: la formación de estudiantes e investigadores jóvenes con equidad de género, en un campo profundamente masculinizado, la consolidación de redes de colaboración nacionales e internacionales, y una vinculación con el medio entendida como un trabajo bidireccional con las comunidades, y no como mera difusión.
