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Sociedad Chilena de Musicología

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Entrevista a Daniela Banderas

9 de agosto de 2026

Esta semana les compartimos más detalles del proyecto «Música para el cuidado: intervenciones y prácticas musicales en la Unidad de Paciente Crítico Adulto del Hospital de La Serena» de nuestra socia Daniela Banderas, financiado por el Fondo de la Música del MINCAP de la Línea Actividades Formativas en la Modalidad Música en Actividades Terapéuticas. 

¿Cuáles son los objetivos del proyecto?

El propósito del proyecto es llevar a cabo intervenciones musicales orientadas a la promoción del bienestar de quienes hacen parte de la Unidad de Paciente Crítico (UPC) del Hospital de La Serena, estos son, los pacientes, sus familias y el equipo de salud. Estas intervenciones se insertan dentro uno de los lineamientos transversales propuestos por el Ministerio de Salud para los centros de atención en salud, este es el llamado Eje de Humanización, el que busca promover una atención centrada en las personas, que reconozca sus necesidades físicas, emocionales y sociales, y que se caracterice por brindar un trato digno, empático y de calidad a los pacientes, sus familias y los equipos de trabajo.

La UPC es un espacio marcado por una intensa carga afectiva, donde convergen situaciones de enfermedad grave, incertidumbre y alta exigencia profesional. En ese escenario, el proyecto busca abrir un espacio diferente dentro de la rutina hospitalaria, un espacio donde la música permita generar momentos de pausa, escucha y conexión. Desde aquí es que el objetivo general es propiciar experiencias musicales significativas para quienes forman parte de la UPC, desde la convicción de que la experiencia musical misma se encuentra constituida por fuerzas dinámicas capaces de favorecer procesos saludables en las personas.

Entre los objetivos específicos se encuentran contribuir a la humanización del espacio hospitalario mediante la presencia estética, sonora y relacional de la música; favorecer el encuentro a través de la práctica musical; estimular la expresión emocional; potenciar emociones positivas y sentimientos de bienestar; y ofrecer instancias que contribuyan a disminuir el estrés y la ansiedad propios de un contexto altamente complejo.

Junto con estos objetivos de intervención, el proyecto pretende ir un poco más allá, buscando comprender el sentido que adquieren las prácticas musicales en un contexto hospitalario y de qué manera estas participan en la construcción de experiencias de bienestar. En esta línea, el interés está puesto en observar cómo las personas se relacionan con la música y cómo esta puede transformar las dinámicas de la unidad y favorecer sentimientos positivos en un espacio definido por la enfermedad.

¿Dónde se desarrolla el proyecto y con cuáles materiales musicales trabajas?

Como ya lo señalé, el proyecto se desarrolla al interior de la Unidad de Paciente Crítico (UPC) del Hospital de La Serena, incluyendo sus dos áreas, la Unidad de Tratamiento Intensivo (UTI) y la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI). La UPC se trata de un contexto donde conviven pacientes, familiares y equipos de salud en situaciones de gran exigencia física y emocional. Precisamente por esta característica, las intervenciones musicales se articulan con la política de Humanización del hospital, buscando aportar al cuidado de todas las personas que habitan ese espacio.

En cuanto a los materiales musicales, la construcción de cada sesión considera diversos elementos, como melodías, armonías, ritmos, tempos, dinámicas, texturas, formas y procedimientos. También se presta atención a la selección de los instrumentos: se considera el material de construcción, el elemento vibrante, el modo de poner en vibración el material, la forma de ejecución, la intensidad, el colorido, el timbre. Otro aspecto importante es la selección del repertorio. Evidentemente, este no responde únicamente a criterios estéticos, sino que a las necesidades y características del contexto y a la finalidad fijada para cada una de las sesiones. De este modo, las sesiones incorporan distintos estilos y géneros musicales, considerando, cuando es posible, las historias musicales personales, las que forman parte de la identidad de cada individuo y constituyen un recurso significativo para favorecer la interacción musical.

En términos generales, las sesiones se organizan en torno a cuatro grandes ejes temáticos, los que originan cuatro etapas del proyecto: el cuidado y la contención emocional; la expresión y la conexión afectiva; el recuerdo, la identidad y el sentido; y el tránsito, la resiliencia y la despedida. Estos ejes orientan la selección del repertorio y las prácticas musicales propuestas, adaptándose, no obstante, a las necesidades y características de cada ocasión en particular.

¿Cuáles son los resultados esperados?

El principal resultado esperado es colaborar con el logro de un sentimiento de bienestar por parte de quienes conforman la UPC, a través de la escucha, la interpretación, la improvisación y la creación de experiencias sonoras.

En el caso de los pacientes, se espera que la experiencia musical contribuya a disminuir el estrés y la ansiedad asociadas a la hospitalización, favorezca el descanso, ofrezca un momento de confort y movilice recursos para afrontar el proceso de enfermedad. Para las familias, las intervenciones buscan constituir un espacio de contención en un período caracterizado por la preocupación, la incertidumbre, la espera y el desgaste emocional. En cuanto a los equipos de salud, se espera ofrecer instancias de pausa y cuidado que favorezcan el bienestar y un mejor clima laboral. En términos generales, se espera que las experiencias musicales contribuyan a transformar la atmósfera cotidiana de la unidad, generando cambios positivos en la forma en que las personas habitan y comparten ese espacio.

Desde un punto de vista musicológico, uno de los resultados más relevantes será comprender cómo una práctica musical adquiere significado en un contexto hospitalario particular y de qué manera participa en la construcción de experiencias de cuidado y bienestar. El análisis de estas experiencias me permitirá aportar a la reflexión en este ámbito, así como abrir nuevas preguntas referidas a la presencia de la música en contextos hospitalarios.

Finalmente, se espera que esta iniciativa constituya un aporte al desarrollo musical de la Región de Coquimbo. Hasta donde conocemos, no existen experiencias de estas características en la región, por lo que el proyecto representa una experiencia pionera que, en el mejor de los casos, podría servir como referencia para futuras iniciativas.

¿Cómo se ha desarrollado el diálogo de la investigación musical con la musicoterapia en Chile?

Antes de responder esta pregunta, me parece importante señalar que no soy musicoterapeuta. Mi formación es de psicóloga, intérprete y musicóloga, y aunque he realizado cursos y formaciones no conducentes a grado en el ámbito de la musicoterapia, que han enriquecido mi práctica profesional y docente, considero fundamental reconocer el trabajo de los musicoterapeutas y el campo disciplinar que ellos han desarrollado.

Dicho esto, tengo la impresión de que el diálogo entre la investigación musical y la musicoterapia en Chile es aún limitado y que existe un enorme potencial para fortalecerlo. La musicoterapia es una disciplina aplicada que requiere nutrirse permanentemente de la investigación, y la musicología puede aportar significativamente a ese proceso desde el estudio de los materiales musicales, los repertorios, las prácticas de interpretación, las formas de escucha y los significados que las personas atribuyen a sus experiencias musicales.

Si revisamos las principales revistas de investigación musical chilenas, encontraremos que los trabajos dedicados específicamente a este diálogo son escasos. Un antecedente importante lo constituyen los artículos publicados por María Ester Grebe en la década de 1970 en la Revista Musical Chilena, especialmente el número monográfico dedicado a la musicoterapia publicado en 1977. Posteriormente, las publicaciones sobre esta temática han sido muy esporádicas. Existen algunos aportes muy puntuales, como un artículo publicado en Revista Neuma sobre la formación en musicoterapia en Brasil, pero, en términos generales, el vínculo entre ambas disciplinas ha sido muy poco desarrollado en el ámbito académico chileno.

Pienso que existe una oportunidad muy interesante para avanzar en esta relación y que ambas disciplinas puedan complementarse y enriquecerse mutuamente. La musicología puede ofrecer herramientas para comprender con mayor profundidad qué aspectos de la experiencia musical participan en los procesos vinculados a la salud y el bienestar, mientras que la musicoterapia aporta una valiosa experiencia clínica y metodológica acumulada durante décadas. 

En ese sentido, este proyecto busca situarse precisamente en ese espacio de encuentro. Sin duda que me nutro de la musicoterapia para llevar a cabo este proyecto, de sus paradigmas, de sus técnicas, de sus prácticas y de sus hallazgos. Pero así también me interesa comprender qué ocurre cuando la música ingresa a un espacio hospitalario, cómo transforma las relaciones entre las personas, qué significados adquiere y de qué manera contribuye a construir experiencias de bienestar. Creo que estas preguntas son profundamente musicológicas y, al mismo tiempo, dialogan de manera fecunda con la musicoterapia.

¿Y piensas que estos resultados pueden proyectarse en el medio y aportar a la apertura de otras investigaciones similares?

Sin duda que sí. Espero que este proyecto pueda estimular nuevas indagaciones que aborden la música desde perspectivas interdisciplinarias. En lo personal, este proyecto posee dos facetas. Una faceta, la más relevante, la constituye la intervención musical misma en la UPC del hospital. Y la otra se entronca con una línea de reflexión que he desarrollado en torno a la relación entre experiencias musicales y salud. De alguna manera, esta segunda faceta dialoga con investigaciones anteriores, como “La experiencia musical en mujeres víctimas de agresiones sexuales” y “Representaciones y significaciones de las canciones de cuna y su relación con el desarrollo del vínculo entre madre e hijo/a en el imaginario materno”, llevando ahora la atención hacia las prácticas musicales en el contexto hospitalario. Más que abrir una temática nueva, este proyecto me permite profundizar preguntas que han estado presentes en mi trabajo desde hace varios años, las que puedo resumir en cómo la música juega un rol fundamental en momentos de crisis o vulnerabilidad y de qué manera participa en la construcción de significados.

Entre los productos contemplados se encuentra la elaboración de un escrito que sistematice la experiencia desarrollada, sus fundamentos teóricos, las estrategias implementadas, los aprendizajes surgidos durante la intervención y una reflexión acerca de la necesidad de fortalecer el diálogo entre la musicología y la musicoterapia. Pienso que documentar este tipo de experiencias es fundamental para generar conocimiento que pueda ser compartido, discutido y enriquecido por otros investigadores y profesionales.

Asimismo, la difusión del proyecto, tanto en el ámbito de la salud como en el académico, busca visibilizar una experiencia que, hasta donde sabemos, es pionera en la Región de Coquimbo. Más allá de mostrar sus resultados, el propósito es compartir aprendizajes, fortalecer el vínculo entre música y salud, y favorecer el desarrollo de nuevas iniciativas de investigación, docencia e intervención.

En última instancia, este proyecto es una invitación a ampliar la mirada sobre lo que se puede investigar. Mi interés no está en la música en sí misma, como un objeto aislado, sino en comprender cómo prácticas musicales construyen experiencias de cuidado en contextos de alta vulnerabilidad. Me interesa preguntarme qué ocurre cuando la música entra en un espacio hospitalario, cómo transforma las relaciones entre las personas, qué significados adquiere y de qué manera beneficia a un entorno marcado por la enfermedad. Pienso que allí existe un campo de investigación en el que la musicología tiene mucho que aportar.

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