Seguimos ahora difundiendo el trabajo realizado por el Núcleo Milenio CMUS financiado por la ANID. En la entrevista realizada a nuestro socio Christian Spencer.
¿Cuál es la relevancia de esta plataforma para la investigación musical y su vínculo con otras áreas del conocimiento en Chile?
Considero la plataforma relevante porque puede hacer aportes en múltiples frentes. La investigación musical y sonora en Chile llevaba más de 30 años desarrollándose a partir de proyectos individuales y fondos investigación básica de corto o mediano alcance, en mancomunión con algunas sociedades académicas. La adjudicación del núcleo y su posterior renovación nos ha permitido pensar en proyectos de mediano y largo plazo, haciendo un escalamiento de la reflexión sobre el impacto social de la música y el sonido. Esto es lo que explica una explosión de publicaciones, actividades académicas y eventos de vinculación con el medio que han estado llenando distintas regiones del país.
Aquí hay dos datos fundamentales. El primero es qué a nivel global la música es el área de las artes que más interdisciplina hace con otros campos del conocimiento, convirtiéndose en un pivote para investigaciones científicas en campos como la psicología, la medicina, la neurociencia u otras disciplinas duras. El campo influencia de la música en este sentido, es impresionante y creo que el espectro de trabajo del CMUS es también un efecto de esa influencia desde las artes hacia otras disciplinas.
Lo otro es la productividad. Durante nuestro primer ciclo de tres años (2022-2025) el conjunto de investigadores e investigadoras del núcleo tuvo una productividad nunca antes vista en la investigación nacional, equivalente a una Facultad de artes completa. Estos números fueron incluso superiores a los generados por otras disciplinas del conocimiento que en Chile poseen amplias, ventajas y espacios de publicación. Detrás de cifras como estas, hay un esfuerzo consciente y generoso de múltiples académicos y académicas en favor de un ecosistema que está creciendo. Nuestro núcleo se siente agradecido del aporte de todas estas personas, cuya calidad y despliegue se ha hecho ver en múltiples niveles, idiomas y espacios de producción intelectual durante los últimos cinco años.
¿Qué ha significado para el equipo de investigación haber obtenido la renovación del proyecto?
Esta es una buena pregunta. Diría que frecuentemente el interés por la investigación se ha centrado en la productividad y no en la gestión o administración que implica la adjudicación de los proyectos. Existe un capital cultural de alto nivel en Chile desde hace varios años que ha permitido expandir las competencias de los y las investigadoras más allá del ámbito de adjudicación individual y más allá de la mirada de corto plazo de los proyectos. Esto quiere decir dos cosas. Primero, que hay un creciente interés por asociarse y desarrollar propuestas colaborativas de manera real. Esto es interesante porque las colaboraciones implican riesgo y generosidad. Aquí se revela una maduración del ecosistema nacional en la que aparece una voluntad y capacidad colectiva para cruzar temas, compartir datos y ceder terreno en favor de estudiantes. Esta maduración está estrechamente relacionada con la habilidad para postular y adjudicar de distinta naturaleza, así como para desarrollar equipos de trabajo que obtengan objetivos concretos. Mi impresión es que el campo interdisciplinario de la música ha conseguido penetrar más profundamente en el Ministerio de Ciencia que en el Ministerio de las Culturas, donde el mundo del teatro y las artes visuales han tenido grandes logros. Por otro lado, el despliegue de este capital cultural para adjudicar proyectos ha terminado beneficiando de manera directa a estudiantes y académicos extranjeros, cuestión que ha dado visibilidad internacional a la investigación chilena. Creo que con el paso del tiempo se podrá ver con mayor claridad el efecto de esta maduración en resultados que poco a poco comienzan a verse. También creo que en algún momento se valorará positivamente el capital cultural, que las personas que provienen de ciencias sociales y las humanidades han puesto a disposición del ecosistema de la música. El gran mérito del CMUS es haber comprendido esto y haberlo convertido en un equipo de personas trabajando en torno objetivos comunes, incluso a pesar de las diferencias disciplinarias internas.
¿Cuáles son los nuevos desafíos que pretenden desarrollar en esta segunda fase de la iniciativa de investigación?
Esta etapa está focalizada en las políticas públicas en un doble sentido. Primero nos interesa aportar con datos cualitativos y cuantitativos al análisis de la situación de la música y el sonido en Chile, incluyendo temas que pueden parecer secundarios pero no lo son, como la mejora de los instrumentos que existen para medir la música (en las encuestas), la producción amateur de prácticas sonoras, la aplicación de tecnologías para extraer datos cuantitativos de orden musical o las formas de mejoramiento de la educación musical en el país.
Estamos muy motivados con la metodología de trabajo que hemos implementado este año que consiste en desplegar proyectos exploratorios anuales que desarrollen temas poco abordados. Consideramos que esta estrategia está permitiendo plantar nuevas semillas en los procesos de investigación que ocurren a nivel nacional.
