
Con mucha alegría compartimos más detalles del premio otorgado a nuestra socia Ana María Díaz quien obtuvo el primer lugar en el Student Paper Prize 2025 otorgado por el International Council for Traditions of Music and Dance con el ensayo “Dirty Nights: Sensorial Filmmaking inReggaetón Parties, Santiago de Chile”
¿Qué impacto tiene este premio en el desarrollo de tu carrera investigativa?Actualmente me encuentro terminando mi tesis doctoral. El paper que presenté en la World Conference del ICTMD 2024, y por el cual recibí este premio, fue un adelanto del último capítulo de mi investigación. Este reconocimiento, junto con los comentarios del comité evaluador, fue un impulso para continuar mi trabajo de investigación y escritura sobre el nightlife del reggaetón en Santiago de Chile.
Como muches de les investigadores de nuestra sociedad de musicología sabrán, escribir una tesis doctoral es un proceso atravesado por muchas incertidumbres y presiones, pero también profundamente estimulante para el pensamiento. Este premio fue como un dulce que alimentó mis ganas de seguir produciendo desde la escritura y lo audiovisual, de seguir pensando y de hacerme nuevas preguntas que también guiarán mis proyectos futuros.
¿Cómo partió tu interés por investigar la escena del reggeatón en Chile?
Si bien he escuchado, bailado reggaetón y participado en fiestas desde mi adolescencia, mi interés académico por este género musical y de baile surgió en el pregrado. Para finalizar mi licenciatura en musicología en el IMUC escribí una tesina sobre las estéticas del exceso en el neoperreo. Ese trabajo fue una exploración que me abrió muchas puertas para pensar la fiesta desde la sensibilidad de la experiencia, y desde ese momento también consolidé mi gusto por la etnografía nocturna. Hago énfasis en mi perspectiva etnográfica porque gran parte de la investigación sobre reggaetón (fuera de Chile) no considera las voces de quienes lo practican, más allá de las de artistas mundialmente conocidos.
¿De qué manera este tipo de reconocimientos contribuye al desarrollo de la investigación en Chile?
Más allá de la alegría personal que fue recibir este premio, creo que ningún reconocimiento, local o extranjero, es un fin en sí mismo. Lo importante es lo que hay detrás: la posibilidad de socializar nuestro trabajo, mostrarlo y aprender de nuestros colegas. Soy parte de una generación de estudiantes doctorales en etnomusicología muy variada, y me alegra mucho que en nuestras rutas de pensamiento y de vida vayamos construyendo investigaciones que nuestros pares puedan conocer y considerar. La investigación, si bien a veces es un proceso solitario, no puede hacerse sin comunidad. Más que el reconocimiento en sí, son los espacios de intercambio, las críticas y el diálogo con nuestro entorno los que resultan cruciales para nuestro crecimiento.
¿Qué proyecciones visualizas para el desarrollo de tu trabajo académico y profesional después del premio?
En este momento mi prioridad es terminar la tesis doctoral. Afortunadamente soy becaria de la Bilinski Foundation en Estados Unidos, lo que permite dedicarme exclusivamente a la escritura, sin tener que residir en California para hacer clases en el pregrado. Tengo contemplado trabajar en publicaciones y seguir pensando las experiencias queer que este género de música y baile acoge en Santiago de Chile. Espero también poder ampliar mi campo etnográfico hacia cuestiones en torno a la materialidad de la fiesta y la noche como tiempo-espacio, así como explorar otras prácticas de carácter transnacional.